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Presión social, adolescencia, rencor, sufrimiento y perdón …

13 octubre, 2011

Casi nada para un título :-).

Todo esto viene de una consulta que hace unos días leí en el blog de E. Punset. En él tiene una sección de “apoyo psicológico” en la que alguien hacia la siguiente consulta:

Soy un chico de 17 años que siempre he querido ser feliz con la cosas más sencillas de la vida. Nunca me ha gustado hacer lo que hacen los demás, por ejemplo no he querido llevar ropa de marca, siempre he querido ser un chico educado, pacifico, ayudar y respetar a los demás, incluso a los que se meten conmigo. Yo no he podido ser feliz. Si no llevas ropa de marca se meten contigo, si no eres un mal educado y violento se meten contigo. Siempre tienes que estar haciendo cosas malas para que no se metan contigo y en las que estás en contra, pues no, a mí no me da la gana. Y aquí está el problema: si hago lo que quieren que haga no seré feliz porque yo así no puedo ser feliz, por mucho que lo intente, soy así, quiero ser bueno. Si no hago lo que hacen todos tampoco seré feliz, porque me humillarán, maltratarán, torturarán y harán lo que sea, como me han hecho durante muchos años. Veo que la cosa continuará igual y yo ya no sé qué hacer; muchas veces tengo ganas de dejar de existir, porque la gente es muy cruel, y no quiero estar toda la vida así. Ya no puedo más, estoy desesperado, porque toda la gente que conozco y he conocido es así.

En el momento en que lo leí, la verdad es que me apeteció decir algo. El tema de la presión social y la adolescencia es algo por lo que casi todas las personas pasamos con mejor o peor fortuna. Se ve que no fui el único en sentirse interpelado porque la consulta tuvo más de cuarenta respuestas y comentarios. Entre ellos, me llamó la atención el de otra persona, un hombre adulto llamado Toni, que hablaba de su etapa adolescente con gran pesar. Decía esto:

Mi adolescencia fue básicamente un infierno, sufriendo día tras día la humillación y el desprecio de todos los compañeros. Los niñatos se reían de mi, mientras las niñas les reían las gracias. Siempre tuve la esperanza de que aquello acabaría y vendrían tiempos mejores. Esos tiempos llegaron y afortunadamente la adolescencia y los niñatos pasaron. Lo malo de toda esa experiencia es que, como en mi caso, permanece guardada y presente en tu memoria, en tus recuerdos, aunque pase el tiempo y ya no sufras esas vejaciones, aunque crezcas, madures y consigas ganarte el respeto de los que te rodean. Esas experiencias marcaron mi vida, mi carácter y mi personalidad. Seguramente ahora sería otra persona totalmente distinta si no hubiera sufrido aquellas humillaciones. Ahora tengo que convivir con muchos miedos e inseguridades que de vez en cuando salen a flote. Estoy lleno de odio hacia aquellas personas que seguramente nunca han vuelto a pensar en mí. Muchas veces, sigo deseando que algunas de aquellas personas sufran todo lo que yo sufrí. Pero sobre todo, deseo no volverme a cruzar nunca jamás con ninguno de ellos. Los odio a todos y los odiaré hasta que me muera. Lo peor de ser tratado así durante varios años en la adolescencia es que tendrás que vivir con ello el resto de tu vida.

Después de leer esto, ya no pude dejarlo pasar y me puse a escribir mi comentario (un poco largo, la verdad) que espero les/nos sirva y que conecta con lo tratado en aquella otra entrada en la que hablaba sobre el dolor y el sufrimiento:

Hola a todas y a todos,
Voy a ver si puedo aportar algo a este tema en el que, estoy seguro, nos vemos reflejadas muchas personas. Yo ahora tengo casi 40 años y acabo de hacer un cambio “radical” de trabajo, de país … de vida. No tuve una infancia, ni tampoco una adolescencia, traumáticas pero si viví, durante esta última, experiencias similares a las que narra el iniciador de este foro. La presión social es algo que vivimos duramente en la adolescencia y que, en cierto modo, como seres sociales que somos, continuará toda la vida. Lo que ocurre es que sabremos afrontarla, desarrollaremos mecanismos de defensa (como, por ejemplo, rodearnos de personas como nosotros, con nuestros valores, nuestros ideales, que nos respeta y a las que respetamos) y aprenderemos a navegar en este mar embravecido.

No se cómo se llama nuestro chico de 17 años pero solo quería decirte que la gente buena existe, de hecho es la mayoría. Puede que te cueste un tiempo encontrarla, que tengas que cambiar de barrio, de ciudad, de provincia o de país,… pero tranquilo que existe y te está esperando. Vas a cumplir 18 años, si puedes, vete a estudiar o a trabajar a otra ciudad y crea tu nueva red de relaciones, sin prisa pero sin pausa. Yo también me negaba, en mi adolescencia, a “hacer cosas malas”, como por ejemplo a burlarme de la gente, de los distintos, del “tonto del pueblo”,… No te preocupes por eso, cada uno cosecha lo que siembra (aunque la cosecha tarde en llegar, llegará). Solo decirte que no te rindas, reafírmate sin complejos y no te rindas. Necesitamos, la sociedad necesita, de personas como vosotras/os.

Y sobre las marcas y resto de cosas materiales, lo que te ocurre es bueno, reafírmate también porque esta parte de la humanidad, que somos una minoría y que consumimos la mayor parte de los recursos del planeta, está abocada a cambiar o a desaparecer. Cuanto antes nos acostumbremos a vivir con menos, a decrecer, a no necesitar cosas superfluas (que son la mayoría) mejor. Seremos más libres y maltrataremos menos a la Madre Tierra (que a su vez, nos devolverá el favor en el futuro permitiéndonos seguir existiendo).

Por último, para Toni y para quien le pueda servir: te entiendo perfectamente, creo que todos/as hemos vivido lo que describes, se llama rencor (o resentimiento). Es un sentimiento muy humano pero solo tiene un problema, que, como bien sabes, solo te perjudica a tí. No recuerdo de quien es la frase pero decía algo así como: “el resentimiento es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”.

Tienes que romper esas cadenas, ahora mismo eres esclavo de esas personas. ¿Sabes lo que dijo Nelson Mandela al salir de la cárcel después de casi 40 años de maltrato (puedes creer que mucho peor que los nuestros) a manos del régimen del apartheid y de sus carceleros afrikaners?. Bill Clinton lo telefoneó dos horas después de que saliera de la prisión y le preguntó cómo pudo perdonar a sus enemigos con esa facilidad. Mandela respondió que si los odiara, seguirían controlándolo. Y él no se podía permitir eso, necesitaba ser libre, poder desplegar toda su energía y creatividad para fundar un nuevo país, desarrollar una sociedad capaz de convivir en paz.

A esto, Toni, solo puedo añadir que “el juego ha terminado”. Me explico. Nuestro comportamiento como personas está regido por nuestras creencias. No hay nada de malo o bueno en esto. Simplemente es así. Las creencias que tenemos (muchas veces sin ser conscientes de que las tenemos, o mejor dicho, de que nos tienen) nos permiten relacionarnos y sobrevivir en circunstancias determinadas. Solo hay un problema, muchas veces esas circunstancias cambian pero nuestras creencias no. Permanecen, no se adaptan, no las adaptamos al nuevo contexto. ¿Por qué no lo hacemos?. Pues, por lo general, por dos razones: porque no somos conscientes de tener esas creencias y, aunque lo seamos, porque no somos conscientes de que esas creencias nos limitan, no sirven, nos impiden avanzar, mejorar, crecer. Es como si en nuestra adolescencia para sobrevivir tuviéramos que jugar al escondite y está bien, este juego es una “creencia” que en ese contexto nos ayuda. El problema es que, con el paso de los años, el contexto cambia y nosotros/as seguimos jugando al escondite. Toni, el juego ha terminado. No necesitas ya más jugar al escondite. Eres una persona completa, querida, respetada y muy capaz. Muy capaz de no tener “que vivir con ello el resto de tu vida”, puedes soltar ese lastre y ser libre.
Un fuerte abrazo.

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