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Gracias, abuelo Quine

26 noviembre, 2012

Mi abuelo fue maestro. Trabajó de maestro en un pequeño pueblo asturiano llamado Quintana pero, sobre todo, fue maestro. Era su vocación. Pudo ejercer sólo durante unos pocos años de su juventud. Eran malos tiempos para enseñar a pensar. Lo dejó para poder estar cerca de mi abuela Esterita.

En realidad toda su vida siguió siendo maestro. Por lo menos a mi me enseñó muchas cosas que me gustaría agradecerle.

Gracias, abuelo Quine, por enseñarme la importancia de mantenerse fiel a una vocación aún cuando las circunstancias son totalmente desfavorables.

Gracias por todas aquellas veces que me llevaste de pequeño al muelle a ver los barcos de pesca. Por subirme en ellos aunque no estuviese permitido. Por enseñarme a acompañar y a enfrentar las convenciones sociales para alegrar a un niño.

Gracias por aquellas libretas de ahorro de la paga semanal que tan bien administrabas. Por enseñarme a ahorrar y por demostrarme que se puede ser justo, buen profesional y respetuoso con las personas en cualquier profesión, incluida la banca. Depende sólo de tu actitud personal.

Gracias por los barcos de vela de corcho que me construías y que botábamos en la ría y en el muelle. Y por todas aquellas veces que jugamos con vuestros vetustos juegos reunidos. Gracias por jugar conmigo, por enseñarme a jugar, por transmitirme el gusto por los barcos, el viento y la mar.

Gracias por las veces que me llevaste a la playa. Recuerdo aquella ocasión en la que yo no me quería ponerme una gorra, avergonzado por las apariencias. Y tú me dijiste: “qué más te da lo que piensen otras personas. También podrían decir de mi ¿dónde va ese viejo con ese sombrero y un niño?”. Gracias por enseñarme, con tu propio ejemplo, que lo que importa no es lo que la gente piensa, sino lo que cada uno es y piensa de si mismo.

Gracias por aquellas veces en las que, de niño, me quedaba a dormir en vuestra casa y me leías historias como la de la retirada de las tropas de Napoleón de Rusia. Y por todas las veces que tú y la abuela nos contabais cómo era la vida antes, sobre los colchones de lana, la cocina de carbón, la compra de sardinas por paladas, la jira en El Cubo, la plaza del mercado, la tienda… Por haber guardado tantas fotos vuestras, y de la familia, y por explicárnoslas con tanto gusto y lujo de detalles. Gracias por enseñarme a disfrutar y a aprender de la historia de los libros y de la historia popular.

Gracias por llevar a la práctica tu idea de adjudicar vuestra herencia por anticipado para evitar problemas entre vuestras hijas e hijos. Gracias por enseñarme que una buena idea no es nada si no la pones en práctica y por mostrarme, de nuevo con tu ejemplo, lo que es la generosidad y el desapego.

Gracias por regalarme, hace años, tu reloj. Sólo lo uso en ocasiones especiales y no porque necesite saber la hora. Gracias por recordarme que el valor de los objetos no está en lo que son, sino en lo que representan, en su valor emocional.

Gracias por haber acogido a mi compañera Ana y a su madre Rosa en cada visita. Por lo bien que las hacéis sentir. Por haber aceptado sin críticas, y con buen humor, las diferentes relaciones de vuestras nietas y nietos. Gracias por enseñarme lo que significa la aceptación y la hospitalidad.

Gracias por haberte cuidado todos estos años, comiendo sin sal y tomando varias pastillas al día. Por regalarnos, con ello, treinta años de tu compañía. Para mi ha sido un ejemplo de sacrificio personal, paciencia y constancia.

Gracias por tu relación de toda una vida con mi abuela Esterita. Por quererla tanto, por cuidarla y por cuidaros durante más de setenta años. Por llevar toda una vida juntos y por compartirla con nosotros. Gracias por expresar vuestro amor delante nuestro. Gracias por enseñarme el valor del compromiso, de la fidelidad y la importancia de expresar nuestras emociones (cosa de la que estoy, estamos, muy necesitados).

Gracias, abuelo Quine por todo lo que aprendí de ti y por lo que sigo aprendiendo.

Gracias, abuelo Quine, en definitiva, por haber sido el mejor abuelo que podía haber tenido.

Mi abuelo fue maestro. Lo sigue siendo.

PD.: Hoy hace un mes que murió mi abuelo Quine a la edad de 94 años. Tenía pensado hacerle este agradecimiento en persona, en nuestro próximo encuentro, al presentarle a mi hijo Nel, su tercer bisnieto. En este caso es el destino el que me enseña que es mejor no esperar para agradecer a las personas que queremos todo lo que han hecho por nosotros. A mi abuelo no se lo pude decir en persona, se lo dejo aquí, en la nube, lo más cerca del cielo a lo que un ateo puede acceder.

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11 comentarios leave one →
  1. jose ramon alonso permalink
    26 noviembre, 2012 3:34 PM

    Es hermoso y profundo. Los que conocimos , en mi caso al tio Quine, llevamos dentro esas miradas y cualidaes descritas, cada uno desde su nivel de relación. Leía hace poco en un artículo que la única pregunta importante acerca de un libro, en este caso un escrito, es la profundidad en que se ha originado en el alma de quien lo escribe. En este caso la profundidad mueve el corazón . Un abrazo

  2. Ana permalink
    27 noviembre, 2012 8:21 AM

    Quienes conocimos más de cerca a Quine y Esterita, sabemos que las palabras de Andrés expresan bien la emoción de un nieto adorado y adorable.

    Hay personas que se iluminan por sí solas, pero hay relaciones de amor tan intenso que invaden una habitación, un paisaje, un recuerdo. Andrés y su abuelo Quine brillaban juntos. Y juntos se hacían invencibles.

    Y aún lo son, Andrés desde esta tierra roja que nos ha acogido, en Brasil, y Quine, desde esa nube preparada para ateos,

    Ana.

  3. pedro loidi lantarón permalink
    27 noviembre, 2012 1:45 PM

    Un abrazo fuerte PIN.

  4. Pedro Venero permalink
    27 noviembre, 2012 2:16 PM

    Coincidimos en las emociones y en las sensaciones. Mi abuelo también fue “maestro”. Primero construyó el Ateneo Popular de su pueblo. Además sabía esperanto y trabajó para el Ayuntamiento republicano de Santander como traductor (esperanto, inglés, francés, italiano y alemán). Todo ello para atender al puerto. Estuvo unos años en París y, de forma maldita, su mujer quiso dar a luz a mi padre en Santander. En poco tiempo tuvo sus huesos en la cárcel (por lo de ser ateneista y otras “cosas”…) y, después, en los años de oscuridad, estuvo “colocado” en los talleres de RENFE como metalúrgico. Nada que ver con sus especialidades, su cultura y su intelectualidad. Fue un castigo de por vida. No pagó solo con la cárcel.
    Seguro que tu abuelo Quine y mi abuelo Federico hubieran sido muy amigos. Seguro que habrían emprendido ideas juntos. Seguro que lucharon lo que pudieron.
    La alegría es que tu pudiste disfrutar de su amistad (el mío falleció en 1964, a los 63 años y cansado del maltrato que le dieron…).
    Aunque yo disfruté muy poco del mío… tuve mis momentos y perduran en mi memoria (le gustaba enseñar y aunque fueras un guaje pequeñín… lo hacía). Aunque fuera menos tiempo que el tuyo, fue intenso y por eso recuerdo…
    Lo mismo pasa con el cariño que siento por tí. Por los tuyos y tuyas. Un abrazo. Salud y buena suerte.

  5. 28 noviembre, 2012 8:27 AM

    Gracias José Ramón, Ana y Pedros. Gracias por vuestros comentarios y por la profundidad que transmiten. En algún caso porque conocisteis personalmente a mi abuelo y en otros por haber tenido cerca a personas que os inspiran sentimientos gemelos. Un fuerte abrazo y gracias de nuevo por compartir vuestros sentimientos.

  6. belen gonzalez fernandez permalink
    28 noviembre, 2012 10:45 AM

    soy belen , me encantó este homenaje que le haceis a vuestro abuelo, gracias. me he emocionado muchisimo. con vuestro permiso se lo reenvio a mi madre, se que le va a encantar. besos andres y esther

    • 28 noviembre, 2012 12:56 PM

      Hola Belenina :-). Me alegro que te guste. No solo tienes permiso sino que ya te agradezco que se lo hagas llegar a tu madre. Un besin

  7. 28 noviembre, 2012 6:37 PM

    A el mio no lo pude conocer. Después de sobrevivir al bombardeo de Guernica se lo llevo por delante las carencias de la posguerra.
    Estoy seguro de que también hubiera sido un gran abuelo porque mis imaginarios recuerdos de él se componen de trozos de vivencias que he escuchado de mis amigos, como los que tu has compartido.
    Gracias.

    • 29 noviembre, 2012 7:33 AM

      Aupa Iñaki,
      Gracias a ti por tus recuerdos. Imaginarios o no sirven para compartir y crear historia.
      besarkada handi bat

  8. Carlos Pedrosa Gómez permalink
    6 diciembre, 2012 1:21 PM

    Gracias Andrés por remover mi emoción; yo solo tuve la oportunidad de conocer a tu abuelo de puntillas; acaso algún saludo educado cuando paseaba contigo y poco más; pero en esos pequeños instantes se palpaba tu especial relación con tu abuelo; me hubiera gustado concerlo mejor se que hubiese merecido mucho la pena; un fuerte abrazo de un amigo que sabes que te aprecia.

    • 7 diciembre, 2012 7:52 AM

      Gracias amigo Carlos: por el mensaje y, sobre todo, por estar ahí a pesar de la distancia y del paso de los años. Un fuerte abrazo.

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